sábado, 6 de marzo de 2010

Quién soy

Nací por casualidad en La Virgen del Camino, un pueblecito de León, y digo por casualidad no porque a mi madre, Taqui, no le tocara dar a luz sino porque mi familia vivía en Melilla tan ricamente, en un clima fantástico, con el mar al lado y todo un grupo de amigos y familiares que formaban un entorno cálido y seguro. Pero mi padre ,el Antoñito, que era militar, fue trasladado a León y con todos sus bártulos, mis dos hermanos mayores y mi madre embarazada partieron hacia aquellas tierras frías donde no conocían a nadie. Entonces nací yo, un día 5 de junio en el que aún tenían que tener la estufa de carbón encendida, me llamaron Maria del Mar y mis hermanos Sole y Toñi se pusieron muy contentos porque llegaban las vacaciones de verano y ya tenían una muñequita con la que jugar. No es por fardar pero era muy rica de pequeñaja.

No aguantaron más de un año en ese lugar donde sólo hay dos estaciones, la del tren y el invierno. Así que mi padre enseguida pidió traslado y le asignaron la base aérea de Getafe. Luego vino mi hermano pequeño Jose y Juan Carlos. que murió de chiquitín. Y en la cuna de la aviciación española, como llaman a Getafe, crecí patinando en los angares donde estaban aquellos aviones de transporte, hacía piruetas entre los caribous y los aviocares aparcados, merendábamos en los campos de trigo que había detrás de la colonia y montábamos en bici en lo que llamábamos la pista, una carreterilla que llevaba a los cuarteles.

Desde chica quise trabajar en ayuda a personas, excepto cuando me dio por ser de la brigada paracaidista, cosa que mi madre consiguió quitarme de la cabeza alegando lo sucio que se ponía todo cuando te caías en el barro; pasé por las fases de "me pido" pediatra, misionera, cardióloga, enfermera en Guinea...hasta que saqué un 6 en selectividad y dado que el acceso a medicina se vendía, y se vende, caro, pensé "voy a ver mundo". Así comenzó mi carrera en el mundo del turismo, en donde he trabajado y disfrutado conociendo lugares éxoticos y populares desde Chinchón a Tasmania, desde La Palma a Trivandrum.

En ese ir y venir por el mundo he aprendido que sus caminos son una escuela donde se templa el espíritu y se afianza la tolerancia y la solidaridad. Se aprende a dar y a recibir, a mantener las puertas abiertas de la casa y del espíritu y sobre todo a compartir. Se aprende a disfrutar de lo poco, a valorar lo que se tiene, a ser feliz en la austeridad y a festejar la abundancia, se aprende a escuchar y a mirar y se aprende también a querer.